miércoles, 25 de agosto de 2010

Ideas para combatir el calor

Hace mucho calor y he decidido pensar en cómo combatirlo.

Primera opción, tomarme un helado. No tengo en casa, eso significa salir a la calle. Ya puesta en ello, nada como ir a La Veneziana, heladería artesanal que está en el centro de la ciudad, y hacer una locura de las mías, tomar una bola con dos sabores, tiramisú y tuttifruti o de una sola de chocolate con naranja confitada. No soy muy de helados pero a veces son necesarios y muy ricos.

Segunda opción, coger el bañador, la bolsa de la playa e ir a darme un chapuzón. Después de sopesarlo, me doy cuanta que hay marea alta y La Concha parecerá el Ganges y habrá que pegarse con alguien para conseguir un sitio para colocar la toalla y si tengo suerte, meterme al agua y esperar a no toparme con ninguna de las medusas carabelas portuguesas que han decidido hacer turismo por estos lares.

Tercera opción, darme una ducha templada y esperar a que baje la temperatura para poder salir de casa. Mientras tanto, miro la lista de la compra que tengo en la mano y pienso si es realmente básico lo que hay en ella y puede esperar al lunes. En el telediario han dicho que hasta el domingo hará calor y seguirá subiendo el mercurio. Tic, tac, tic, tac, el tiempo pasa y aún no he tomado ninguna decisión.

Cuarta opción, suena el teléfono y por lo que veo es una amiga. ¿Planes para salir?, ¿charla informativa y risas? Las dos. Decidimos que hace demasiado calor para estar en la calle a estas horas, tal vez más tarde sería más llevadero.

Quinta opción, he decidido que me quedo en casa, hay agua fresca en el frigorífico que con el zumo de unos limones tiene que sentar de maravilla. Ya saldré más tarde.

Sexta opción, vuelve a sonar el teléfono, ¿quién será?, ¿qué querrá?. Suspense.


La foto de la imagen está sacada de internet y desconozco quién es su autor, si alguien lo sabe lo pondré.

miércoles, 4 de agosto de 2010

La televisión y dos descubrimientos musicales

Llevo unos días ajetreada y eso me impide tener el tiempo suficiente para poder navegar por este mundo de internet. Aquí dejo un aperitivo musical, confiando en que la semana que viene sea más liviana y tenga más tiempo para escribir.

La televisión, muchas veces denostada, a veces muestra pequeñas perlas. Este domingo haciendo zapping entre las cadenas, es uno de mis deportes favoritos, dí con una cadena en la que aparecían tres grupos distintos de cantantes, uno de ellos era Seal, otro Imelda May y el tercero Sugarland. Una buena mezcla de sonido y estilo.

Tres estilos muy distintos, Seal, más R&B, soul e incluso pop; Imelda May, me llamó la atención su estética rockabilly de los años 50 y más cuando me enteré que eran irlandeses; y el tercer grupo, era uno country, Sugarland, canciones y baladas tristes pero con bellas melodías. Me encantaron los tres.

De Seal me gusta casi todo, comencé a seguirle después de descubrir Kiss from a rose, cantada a capella por Gregorian Master of Chant. Otro día hablaremos de Seal.

De Imelda May, me sorprendió su poderosa voz. Aquí dejo un vídeo de una de las canciones que cantaron, se trata de Johnny got a boom boom.



De Sugarland, me gustó la dulzura de sus voces. Dejo también un vídeo de una de sus canciones, Already gone.


Espero que os disfrutéis con ellas. Para mí fue un gran descubrimiento, y aunque no entiendo nada de lo que dicen, me gustan y ya las he puesto en el mp3.

Los vídeos están en Youtube y la foto de la imagen está sacada de internet y no indican quién es su autor.

lunes, 26 de julio de 2010

El color es vida

La vida es luz, es color. Todo lo que nos rodea está lleno de tonos y diferentes matices con inundan nuestra retina de rojos, verdes, azules, grises, luces, sombras.

El color supone para mi, vida. Me anima, estimula, me mueve, hace que conecte con varias partes de mi, entre ellas, con la creatividad y con la intuición. Me resulta más fácil dejarme llevar y conectar, es decir, fluir.

Hace un tiempo cada vez que entraba en una tienda que vendían pinturas al óleo y acrílicas, me paraba quieta mirando todos los tubos de colores. Recuerdo que tenían una hoja de muestra de color, con toda la gama de tonos pintada sobre el papel. La cogía, la miraba, daba unos pasos y volvía sobre ellos para poder volver a contemplar aquella exposición de tonos.

Empecé a ser una habitual de la tienda y en concreto de unas pinturas acrílicas, que son las que uso para pintar, que tenían algo especial, tenían luz. Un día, comentando esto mismo con el encargado de esta sección, me comentó que se había fijado que salvo los niños pequeños y yo, nadie más se paraba ante esas pinturas. También a él le parecía que tenían luz, que transmitían algo especial. Según él, podría deberse a estar hechas a mano y utilizar pigmentos naturales. Me regaló una carta de colores y es uno de los mejores regalos que me han hecho.

Pero mi pasión por el color me lleva a quedarme parada delante de los expositores de carretes de hilos de las mercerías. Es fascinante ver los distintos colores degradados en intensidad. Es un paraíso para los sentidos, en un pequeño espacio, hay centenares de tonalidades.

Hace unos quince años en una Feria de Esoterismo de San Sebastián, quizá menos, descubrí unas botellas de cristal que estaba llenas de líquido dividido en dos colores distintos y otras tenían un mismo color. Me pasó lo mismo que con las pinturas, me paraba y no podía dejar de mirarlas, me transmitían muchas cosas. Comencé a hablar con la chica que lo llevaba. Me enteré que se llamaban Aurasoma, en concreto Equilibrium, y que servían para trabajar los cuerpos sutiles de nuestro ser y de nuestra conciencia, ayudándonos así a estar mejor con nosotros mismos.

Al poco tiempo, una amiga mía, hizo el curso y fui comprando botellas para poder mirarlas. Me solía reñir porque decía que eran para utilizarse aplicándose el producto sobre los puntos adecuados, pero yo necesitaba mirarlas. También usé alguna y me vino muy bien. Ahora lo que hago es entrar en la página web y elegir una botella, la que más me llame la atención. La miro, y después de un rato miro lo que significa y es una pista sobre qué aspectos debo trabajar.

Las cartas que utilizo para leer el tarot están llenas de color. Tengo varias barajas pero el denominador común es el color. Desde hace varios años uso las de Aleister Crowley y unas que hice yo. No me valen todas las cartas que tengan colorines, también entran otros factores como el simbolismo o el dibujo.

Esta entrada es el producto de estar contemplando el cielo, desde la ventana que está en el techo de mi casa. El cielo está azul, hay alguna nube, hace muy buena temperatura, corre brisa. Y los colores que veo son el rojo de las tejas de los tejados, el azul y grises y blancos de las nubes y cielo, el verde de los árboles y de los montes, los amarillos de algunos toldos que hay en las casas.....

El color es vida, es movimiento.


La foto de la imagen está escaneada de una carta de Tarot que hice yo. Es la número XXI, El Mundo, de manera muy resumida diré que simboliza el final de un ciclo, la consecución y logro de los proyectos e ideas, es una carta de protección y muchas más cosas estupendas que no hay tiempo de escribir aquí.

martes, 20 de julio de 2010

En busca y captura de un perfume

Aquí estoy de nuevo volviendo a escribir en este rinconcito después de unos cuantos días de bastante trabajo, una alergia y muchas más cosas.

Soy una forofa de los perfumes, colonias, inciensos japoneses, de los aromas en general. No llego a ser adicta pero reconozco que me encanta el olor que hay en una perfumería, con todos los olores...

Hace un par de años, me di cuenta que iba por la calle y más o menos, casi todo el mundo utilizaba tres o cuatro colonias conocidas. Una era la que yo usaba y decidí que quería algo distinto. Algo que se identificara conmigo, a poder ser fresquito, cítrico, llevadero a todas las horas del día.

Un día, mi sobrina y yo, las dos somos iguales con los perfumes, como dos Indiana Jones, decidimos ir al encuentro de ese perfume único. Nos atendió una chica muy agradable que nos dio a probar varias colonias. Lo mejor de todo, es que aunque le pedimos un aroma fresco, lo que nos enseñó era dulce y floral. Según ella, era lo que mejor se ajustaba a mi piel. Nos fuimos de allí, un poco mareadas de tanto aroma y sin comprar nada.

Posteriormente me decidí por un agua de colonia de hombre, que tiene notas a limón y madera. Es rica, se llama Allure y es la más suave de toda la gama. Pero a pesar de ello, quiero algo más fresco. Un perfume que al olerlo me estimule, me haga revivir y respirar mejor.

Hace unas semanas, leí en un blog que había un nuevo perfume cítrico, con notas de bergamota y limón, y de nuevo decidí ir a la caza y captura del aroma. No lo conocía, pensé que sería fácil de localizar. Se trataba de la marca Acqua de Parma, y después de recorrer las tiendas perfumerías franquicias de If, Sephora, Basmo que hay en San Sebastián, en una de ellas, me dijeron dónde lo vendían, en una perfumería clásica de San Sebastián. Se llama Perfumeria Urbieta, tiene mucha fama, una página web y vende sus productos bastante exclusivos a toda España.

Entré allí, mientras pensaba que estaba casi en un templo del aroma y de la cosmética. Olía de maravilla. Rápidamente me atendieron y me dieron todo tipo de explicaciones. Inclusive, el hombre que me atendió, me pregunto si quería perfumarme con alguna colonia. Le contesté que si, y me roció con ella, y me decía "date la vuelta". Ahí me veis, girando sobre mi misma envuelta en una nube de perfume cítrico y bergamota. El olor era muy rico, suave, sutil. Estaba alucinada, me estaban rociando de perfume. No era ponerme un poco en la muñeca y listo, no. El señor sonreía. Me sentía genial.

Ya puestos en ello, le pregunté por aromas similares. En ese momento, me atendió otra persona y me enseñó tres colonias distintas, no sabría deciros cuál era la más rica. Era muy difícil decidirse. De nuevo, se ofrecieron a perfumarme, y tuve que desistir pero la chica me dijo, no pasa nada. Entró a la oficina, volviendo al rato con dos muestras de colonia. Debo decir que las he probado y me encantan, son suaves, muy ligeras, frescas pero en mi piel apenas se perciben. Será que al final tendré que quedarme con los dulces y florales, pero mientras hay vida hay esperanza y daré con uno que huela bien y dure en la piel.

Me atendieron de maravilla. No compré nada. Fueron muy amables. El precio del perfume que miré era similar a los que hay en estas otras tiendas. La verdad que entré un poco temerosa y salí encantada de la vida.

Normalmente suele haber diferencia entre el trato de una franquicia a uno de un negocio propio, aunque siempre das con alguien estupendo en ambas. Me alegré de haber entrado y comprobar que hay seres que tratan a todos sus clientes o a posibles clientes con amabilidad, sin servilismo, educación y tacto. Si me decido comprar algún perfume será allí. Ahora surge la gran duda existencial de mi vida, ¿cuál de ellos será? Me da que todavía no se ha fabricado el perfume que quiero, pero todo llegará, así que seguiré usando el que tengo hasta que se acabe y después toca ponerse de nuevo el sombrero de explorador y salir a la aventura.


La foto de la imagen está sacada de internet y desconozco su autor. Si alguien sabe quién la ha hecho, estaré encantada de poner su nombre.

jueves, 8 de julio de 2010

Mientras miraba al mar, escuché...

Este domingo pasado estaba sentada mirando al mar en el mirador junto al Naútico, haciendo tiempo para ir a comer con mi familia, pensando si en la playa había mucha gente, cómo estaría la temperatura del agua... cuando a mi lado se sentó un matrimonio mayor. Aunque no quieras, escuchas la conversación. Estábamos sentados en bancos corridos de madera y ellos hablaban alto.

Mira Fulanita, le decía el marido, "¿el de la gorra no es menganito?." La señora no veía bien y no sabía a quién se refería. En el mismo instante los gabarrones de la playa de La Concha se mecían al vaivén de las olas. Al rato escuché que la mujer decía: "... ah, Santi.". Mientras, miraba mi reloj calculando el tiempo que tenía para llegar a la comida y qué camino elegiría para ir. Mi vista se iba del mar, a la playa, al cielo, es decir, seguía a lo mio.

De repente, una pareja se acerca al matrimonio mayor que está a mi lado, él lleva una gorra en la cabeza. Tiene una edad similar. Tras los holas de rigor, la señora que acaba de llegar le dice a la otra, "Siempre te veo, en tal sitio y en este otro, y como tú no me dices nada, pienso que no quieres saludarme. Te haces la sueca y no saludas. Ya no quieres saber nada de mí.". Lo repite mínino cinco veces y en tono de reproche. La otra mujer, la que no veía muy bien, sólo decía. "No te he conocido. Si Fulanito ya me decía, el de la gorra. Miraba pero no os reconocía. Ya no estáis como antes. Habéis cambiado.". Tuvo que intervenir su marido para dejar claro que había ocurrido todo tal y como decía su mujer. Comentó que sólo había recordado un nombre, Santi.

Tanto insistía la señora con los reproches que estuve a punto de levantarme y decirle, "si le sirve de algo, soy testigo que esta señora sólo se acuerda de sus nombres, no se sus caras.". No tuve que hacerlo. Encontraron la manera de ponerse de acuerdo y tener una conversación fluida.

Volví mis ojos al mar, al color azulverdoso, a las olas, a ver como una señora se metía en el agua y otra salía de ella, cuando de nuevo sin apartar la mirada del suave oleaje, presté atención a la conversación. La mujer del reproche le preguntaba a la otra señora por otras personas y en concreto, hablaban de una mujer que estaba muy enferma. Lo que me llamó la atención fue el tono y la manera en que enfocaron el tema. Decían, "... pobre, tan enferma y sola, con lo que era y cómo está.". Intenté desconectar pero no puede. Siguieron hablando de personas que ya habían fallecido, estaban enfermas o tristes.

Lo que más me chocó, fue el morbo que había en toda la conversación. No había un interés de preocupación, aquello parecía un ranking de ver quién estaba peor, quién había perdido más familiares, quién tenía el corazón más castigado y fatigado, qué medicinas eran mejores y qué contraindicaciones tenían....

Después de ponerse al día y de prometerse saludarse si se volvían a encontrar, se despidieron. Volví a mirar el reloj, era hora de moverse para llegar a la comida.

Mientras caminaba pensé en la conservación, en cómo somos los seres humanos, que hay personas a las que les gusta hablar de enfermedades, de problemas, de momentos tristes y a la vez disfrutar de ello. Algo que no comparto y menos sólo por el placer de hablar de ello.

Sólo me quedó una duda que aún no he resuelto, el morbo vendría por el disfrute mismo de la conversación o de saber que una está aún viva y coleando, mientras los demás están en peores circunstancias.... Si es que dudas existencias tan grandes me impiden conciliar el sueño, y no, no echaré la culpa al calor, ni a los ronquidos de los vecinos, ni a las radios altas, ni a la televisión a todo volumen........ ¡Qué veranito me espera!


La imagen de la foto, es una visión parecida a la que tenía desde donde estaba sentada. se ve parte de la playa de La Concha y de su paseo. Está sacada de internet y desconozco su autor. Si alguien lo sabe pondré su nombre.

miércoles, 30 de junio de 2010

Elsa Punset, un interesante descubrimiento


Ayer en el periódico Diario Vasco entrevistaban a la escritora y experta en inteligencia emocional Elsa Punset, ya que hoy imparte en San Sebastián, una conferencia dentro de los Cursos de Verano que organiza la Universidad del País Vasco.

No le conocía pero me pareció muy interesante lo que decía. Habla de las herramientas que tenemos todos y están a nuestro alcance, no son nuevas y si básicas, no dejan de sorprender por lo sencillas que son y haciéndolas conscientes las podemos aplicar con eficacia en nuestra vida.

En la entrevista habla de la relación existente entre la salud física, mental y emocional: "Si no aprendo a parar mi pensamiento o una emoción que me agrede, ataco mi salud física.".

Me ha gustado mucho el enfoque de ver la vida tal y como es, sin obviar la tristeza o las emociones más duras y difíciles, buscando el equilibrio con la alegría y las emociones más beneficiosas. Especialmente, si enseñamos a nuestros hijos desde pequeños a cómo afrontar y gestionar estas situaciones, convirtiendo vivencias aparentemente negativas o que pueden marcarnos en algo llevadero y no traumático.

Y por último, me ha encantado comprobar una vez más que aunque heredamos los patrones emocionales básicos de nuestros padres, se pueden cambiar, no hay nada fijo. Solamente están las ganas y trabajar en ello. Y la verdad, funciona.

Os dejo un enlace de la entrevista por si la queréis leer. Está en el Diario Vasco, la entrevista la hace Cristina Turrau.

He visto que ha publicado varios libros, tienen una pinta estupenda e intentaré fisgonear por ahí a ver si me hago con alguno de ellos. Sólo con leer el título invita a leerlos, "Inocencia Radical" y "Brújula para navegantes emocionales". Toca visitar una buena librería o en su defecto la franquicia francesa de nombre casi impronunciable. Parece una buena lectura para el verano o para cualquier día del año.


La foto la he sacado de la página web de Elsa Punset.

miércoles, 23 de junio de 2010

Noche de San Juan

Hoy es víspera de un día mágico, hoy es la Noche de San Juan. Noche de reunión de amigos, de saltos, de alegría, de fuego, de magia. Noche de deseos que esperamos se vean cumplidos, noche de verano, de nuevo ciclo....

Día especial que siempre me trae buenos recuerdos de cuando era pequeña. Fueron tres noches de San Juan que celebramos varias familias de amigos juntas, padres e hijos, nos reuníamos en un caserío a las afueras de San Sebastián. Allí nos juntábamos unas treinta personas, unos diez a quince niños de seis a doce años, y el resto adultos, padres y amigos, todos con ganas de pasarlo muy bien.

Lo primero era la visita obligada a ver los animales del caserío. Recuerdo a las vacas tumbadas, grandes, con unos ojos enormes que nos miraban mientras pasábamos entre ellas, rápido porque nos daban miedo. También nos llevaban a ver a los pollitos recién nacidos, unos eran de color amarillo y otros negros. Estaban debajo de una lámpara de calor, todos juntitos. Era toda una aventura, a cinco minutos de la ciudad, ver aquel mundo tan distinto.

San Juan era jugar al escondite después de cenar hasta que llegara la hora de encender la hoguera. También era el tumbarse en la hierba y mirar el cielo estrellado y sentirse una con él, hasta que de repente oías que te llamaban y salías corriendo a ver cómo el fuego devoraba la hoguera. Cuando la intensidad del fuego bajaba, algunos se animaban y saltaban entre las briznas que ardían y otras veces, separaban una parte y hacían una segunda hoguera más pequeñita, decían que era para nosotros, pero enseguida veías que los mayores se lanzaban a saltar entre las pequeñas llamas. Realmente no se quién se lo pasaba mejor, si los mayores o los más pequeños, aunque tengo una ligera idea al ver caras sonrientes saltando de aquí para allá intentando que no nos acercarámos demasiado al fuego y no nos quemáramos.

Pero también San Juan es presente, es actualidad y es hoy. Hasta hace poco en mi barrio había gente que hacía hogueras y podías acercarte a alguna y participar en ella. Ya ido han desaparecido. Leí ayer en el periódico que en un barrio cercano al mío, van a celebrar esta noche encendiendo una hoguera, haciendo una queimada y animando a la gente a que vaya disfrazada de bruja y que lleve una hoja de hiedra para pedir un deseo. Según decían había que escribir en la hoja un deseo, dormir con ella debajo de la almohada esta noche y mañana quemarla y enterrar las cenizas.

He estado pensando que también podemos tener nuestra propia hoguera en casa. Algo sencillo. No es tan espectacular, pero podemos saltar el fuego sin riesgos a hacernos daño o a quemarnos.

Posiblemente vuelva a realizar la misma meditación que hice el día del Solsticio de Verano y al terminar, cogeré la vela que use y será mi hoguera. La colocaré en un lugar seguro, en el suelo, y saltaré sobre ella. La vela es pequeñita, y en teoría, no debería haber ningún tipo de problema.

Quién sabe si, al saltar, con ese el fuego limpiando, purificando, regenerando, pida un deseo. Aún no sé cuál, ajajajajaa. No he hecho una lista, ni pienso hacerlo. Pediré lo que en ese momento sienta, me dejaré llevar y fluiré.

Aunque tal vez me de el punto, me disfrace de bruja y vaya a tomarme una queimada ........


La foto está sacada de internet y desconozco el autor.