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martes, 18 de septiembre de 2012

La comunicación, un puente abierto a aprender

Comunicarse es una necesidad del ser humano, es la herramienta que nos permite expresar lo que sentimos.

Podemos relacionarnos a través de la palabra, del arte, de las miradas, de los sueños, de los silencios, de los abrazos, a nivel espiritual y del alma, etc. 

Comunicarse es ir más allá de hablar, porque es abrirse a uno mismo para sí y hacia los demás.

Hace pocos días, una chica de veinte años me comentaba que se sentía bloqueada y notaba que se estaba consumiendo porque no podía comunicarse con nadie mientras trabajaba. Decía, que podía hablar pero no comunicarse. Era muy consciente de que necesitaba contar lo que le ocurría y sentía, y no encontrada con quién hacerlo.

Expresar en voz alta, contar lo que sentimos o pensamos a otra persona, es una especie de desnudo integral que no tiene que ver con el físico. Incluso puede llegar a ser más vulnerable, porque muestra cómo somos, en qué momento estamos de nuestra vida, con qué miedos o inseguridades estamos luchando o triunfando, qué sueños o deseos tenemos y qué estamos haciendo para conseguirlos.

Saberse escuchado es importante para el ser humano; nos sentimos queridos, importamos a todos los niveles, físico, mental, espiritual. Somos un todo, y nos damos a conocer a los demás.

La comunicación es de ida y vuelta, es decir, se trata de saber hablar y escuchar. Cuándo debemos expresar, compartir ideas, ocurrencias, vivencias, y saber cuándo debemos estar en silencio, ocupándonos de los demás. Es una experiencia enriquecedora, que nos permite aprender de los seres que nos rodean. Compartimos momentos de proximidad muy íntimos sin ser rozados más que por la acción de ser escuchados; y con suerte, puede que además comprendidos.

No se necesita nada para comunicarse, salvo la de estar abiertos a ser, a compartir, a estar, a dar y a recibir, a aprender. A veces, entenderemos lo que sienten o piensan los demás porque es lo que hemos vivido. Otras en cambio, nuestras ideas pueden ser completamente opuestas y si estamos dispuestos a escuchar con el corazón, veremos que aún siendo distintos, nos une el hecho de compartir un espacio, un tiempo único donde lo realmente importante es el poder expresarse y saberse escuchado.

La comunicación es imprescindible, pues sin ella, nos vamos apagando, nos bloqueamos y perdemos la ilusión. Saberse escuchado, es un aliciente para seguir pensando en voz alta, para sentir a pleno pulmón y a abrir el corazón a aires nuevos que traen consigo la renovación, el impulso, la valoración y el amor hacia uno mismo y los demás.


La imagen está tomada de internet y desconozco quién es su autor.

lunes, 3 de octubre de 2011

La empatía o ponernos en la piel del otro

La empatía es la capacidad de entender lo que siente otra persona. Podría decirse, que nos permite colocarnos en la piel de otra persona, sentir su sufrimiento, su alegría, su preocupación, etc. De esta manera, podremos acompañarle en el proceso que esté viviendo.

Cuando estamos con una persona que nos cuesta una preocupación, podemos sentir cómo nos llega dentro su dolor, su angustia. Incluso, podemos localizarla en nuestro cuerpo.

Imaginaros que una persona siente angustia porque no ha podido comunicar un sentimiento a otra, y nosotros de repente, sentimos un nudo en la garganta, que después desaparece sin más. Este nudo podría ser el dolor de la persona a la que escuchamos. La empatía también tiene momentos estupendos, porque al igual que la tristeza, se siente la alegría. 

La empatía es una pieza clave de la comunicación a todos los niveles. Va más allá de escuchar pues implica comprender lo que sucede sin tener que implicarse en ello. No padeces lo mismo, lo sientes. Te permite ser objetivo o espectador ante una situación complicada y desde ese punto, es cuando puedes ayudar.

Cuando sentimos empatía, debemos estar alerta y no quedarnos con los sentimientos de los demás. Si es alegría suele ser agradable, pero con la tristeza y sentimientos negativos no. Debemos estar atentos y acompañar sin implicarnos emocionalmente en la medida que podamos, aunque no siempre es fácil.

Siempre he sido empática, no he hecho nada para serlo. Es natural, y reconozco que es una herramienta que me ayuda mucho en mi trabajo, pues me permite ponerme en el lugar de los demás con facilidad. 

Hace unos días estaba viendo la tele y vi un documental  en el que hablaban de la comunicación no verbal, de gestos que repetíamos de manera inconsciente al verlos en la otra persona. Si al hablar, la persona que tenemos al lado, apoya la mano derecha en su barbilla, al momento repetimos lo mismo, y es nuestra mano la que está en la barbilla. Mientras lo veía, me sentía identificada. Pensaba eso me pasa a mi, y a veces me siento incómoda porque me doy cuenta que repito lo que veo y van a pensar que les imito. Craso error el mio. Se trata de otro aspecto de la empatía. Al sentirnos identificados con la persona, somos un espejo del otro, y de este modo, el entendimiento se acerca. Es una señal de una buena empatía. ¡Y yo que pensaba que era una imitadora sin pretenderlo!.

Así que me analicé y descubrí, que otras veces, además de imitar los gestos de la persona, acababa hablando de manera similar, con una entonación parecida y moviendo las manos de la misma manera. Esto me pasó hace unos días cuando me encontré con una persona muy amanerada, al rato de estar hablando con ella, me di cuenta que también hablaba de la misma manera. Después de despedirnos, pregunté a otra persona que me acompañaba si realmente mi hablar había cambiado. Me lo confirmó. Así que, dentro de mi, voy a instalar una alarma luminosa que salte cuando empatizo tanto.

Nacemos con una predisposición para ser empáticos, al igual que podemos ser bruscos, simpáticos, agradables y como todo en esta vida, podemos trabajarlo. 


La imagen de la foto es de un dibujo mío.