Hay momentos en los que la mente está descansando mirando el cielo, un escaparate de ropa, oliendo colonias, ojeando unos folletos, mirando a unos niños jugar, bebiendo agua...; es decir, no pensando en nada en particular. Es en ese momento cuando la mente dormita o está relajada cuando podemos escuchar la información que necesitamos para resolver una situación, una especie de luz que guía nuestros pasos.En una de estas ocasiones he escuchado lo siguiente, escucha el silencio en mitad del ruido. Al principio, lo he tomado de modo literal, me he fijado en los sonidos que me rodeaban y los he ido diferenciando, alejando los más fuertes de los más tenues casi inaudibles. Escuchaba el silencio, ¿y?. He pensado estupendo, lo has conseguido y ahora qué.
Inmediatamente, por suerte, me he dado cuenta que no había que interpretarlo de manera literal. Se refería a cómo debía actuar ante una situación que me preocupaba y dolía. Así que he decidido aplicarlo y la respuesta encajaba como un guante. Era la solución perfecta.
Escucha el silencio en mitad del ruido, me ha llevado a centrarme en lo esencial, en lo importante de la cuestión, ese y no otro era el silencio. Lo básico. El ruido, se refería a todo lo que rodea a lo vital. Intentaré ser más clara, a ver si lo consigo.
Pongamos un ejemplo cualquiera. Una discusión, un enfrentamiento, un desacuerdo que tengamos con otra persona. Hay dos posturas y dos verdades, la de la otra parte y la nuestra. Para cada una de ellas, lo suyo es lo más importante pero eso no significa que sea lo vital. Quizá lo básico sea lograr la estabilidad, la calma, un acercamiento o de tomar la decisión de dejar de implicarnos en un tema que nos daña, alejándonos de la otra parte.
Otra parte del silencio, sería saber situarnos ante la una situación que conlleva dolor. Investigar la razón de estar en medio de ella, qué queremos o no resolver, cómo queremos vivir. Puede que ese sea el silencio, nuestro silencio.
El ruido sería todas las vueltas que le damos a la cabeza, esos pensamientos que giran igual que un tiovivo y no nos dejan pensar con claridad; también podría referirse a las opiniones que recibimos de los demás que aunque nazcan del cariño, nos lían aún más de lo que ya estamos.
Debemos encontrar nuestro silencio, nuestra esencia, lo vital y desde este punto llevaremos la luz, la solución a los conflictos. Al principio, quizá no sea muy fácil diferenciar el ruido del silencio, pero podemos conseguirlo a base de observarnos, de sentirnos, de saber cómo somos y actuamos, de ser totalmente sinceros con nosotros mismos.
¿Os animáis a escuchar el silencio y no el ruido?
La foto es de un Mandala mio que no tiene nombre.





